.
LA EDAD
Casi sin ruido han emigrado las pasiones
del hombre desnudo hasta el volcán
en el que ni los espejos ni las primaveras
envejecen
Seguirá existiendo ajeno e indefenso
entre la lava, la voz o la ceniza
y pactará con el tiempo una moratoria
para acallar las acometidas del pánico
Han muerto los pájaros y las cartas de amor,
la periferia oprime las flores entre sus brazos
de cristal y tras los arrebatos púrpuras
de la cólera se enfrenta al implacable tribunal
de la conciencia, a un diluvio de esperma
sobre ataúdes vírgenes de paternidad
Agonizará en el destierro, tal vez
pretendiendo la póstuma entereza
(Del libro:Las diosas esconden su sexo detrás de la luna)
.
