
He paseado por la ciudad en esta mañana de domingo
amor, al principio todo parecía tranquilo hasta llegar
a la plaza del Ayuntamiento. Allí, unos policías
cacheaban a jóvenes al parecer subsaharianos. El delito,
no portar documentos, permisos de residencia,
certificados de buena conducta, contratos de trabajo,
euros, pedigrí; ya sabes cariño, esas pequeñas cosas
que les hacen ser diferentes a nosotros. Comprendí que
en nuestro país ellos no son nadie, tan sólo
indocumentados, vagos, potencialmente aptos para
la expulsión.
Al volver a casa, unos perros abandonados ladraban
inusitadamente y no hallé policías importunándoles.
