
LXXXI
Me reclamas
desde la oscuridad
para que me abrace
a tu isla
y hablarme de amor
sin alzar la voz
Apenas noto el sonido
de tu aliento
que se adhiere a mi piel
reclinando la cabeza
y busca admiración
en los pájaros
Yo callo mientras ardemos
y el placer dilata
los vasos sanguíneos
contagiados de una lujuria
que nos suplica
y fatiga al corazón revivido
Llueve un agua limpia
sobre las palabras
y por primera vez
no destiñen tus labios
LXXXII
Es la época del témpano
de lo individual
y negamos la existencia
a los seres que invocan
la muerte
abrazados a un mar
sin esperanza
Es la hora obscena
de la bruma que se desliza
entre monólogos de ciegos
y hasta pintamos de negro
las paredes
con la sombra inocente
de los niños
Nada está ya donde solía
y malgastamos nuestro tiempo
anestesiando los placeres
LXXXIII
Nos alcanza la locura cuando pretendemos
superar el infortunio que se yergue amenazante
tras la quimérica presencia de un milagro
Y nos conjuramos con ella
para el enésimo asalto baldío a la felicidad
LXXXIV
Sin mezclarse con los sueños
la noche se desentiende de noctámbulos
que intercambian caricias, con las manos cosidas
a unos cuerpos que declinan
Hemos resistido algunos años en una ciudad
sin poetas, pidiéndole a la vida sobrevivir a pan y agua
mientras el sanedrín de ancianos libaba
un vino caliente
Se alejan los cuerpos del sexo y queda la lealtad
a la espera de que los médicos emitan un diagnóstico
que impregne de razón la agonía infinita
de los hombres
Pero todo podría ser bastante peor,
si no pudiésemos tener a alguien que nos ame
desinteresadamente
LXXXV
Mírame
para que no cristalicen
tus lágrimas
bajo los párpados
que te ocultan de la noche
y pueda amarte
en un descampado
del invierno
Podré escuchar tus secretos
y gritar la ternura en voz baja
cuando extraigas del alma
el relente nupcial de los cuchillos
Y sepa que volverás a ser
la misma de siempre
LXXXVI
Posees la arrogante necesidad
de volver a creer en algo
ahora que por fin has entendido
mis contradicciones
y enciendes las luces de emergencia
fabricando una posdata
que te permita estimar tu vida
No será la primera vez
que me sucede
aunque nunca lo reconocería
y no me arrepiento de que coincidiéramos
plagiando a las parejas
que se enamoran en la concurrida soledad
de un andén de Metro
LXXXVII
Regresa para decirme
que sigues existiendo
aunque hayas levitado
alejando tu cuerpo
de la gravedad de la tierra
creyéndote invisible
Ahora ocupo
el espacio vacío de tu intimidad
y busco las palabras
que dejaste sembradas
para intentar comprenderte
LXXXVIII
Cuando llegue la muerte
Estaré solo
Como lo estaba cuando me tentó
Una serpiente con palabras impares
O cuando me abandonaron
Compañeros de política e insomnios
Los hijos que crié
El sentimiento y la lágrima
La perspectiva
El futuro
La fe y el diablo
Cuando llegue la muerte
Estaré solo
Si el amor no inventa un milagro
Y me alcanza
LXXXIX
Quiero pasar desapercibido
y vivir encerrado en mí mismo
que la sangre de mis heridas
gotee hacia dentro sin escandalizar
Aún así
no tardarán en gritarme desde los púlpitos
los que no soportan mi indiferencia
y exigirán que revele todos mis secretos
como si en ello les fuera la vida
Rebosa la ciudad de gente
que me desprecia sin conocerme
a la que envilece una aversión congénita
XC
Comenzamos nuestra historia amorosa
de forma vulgar, respetando los semáforos
para salir indemnes de accidentes carnales,
hasta coreamos plegarias que ahuyentaban
la libido en última instancia
Fuiste tú la que tiró la primera piedra
renegando de la virginidad, de las culpas,
rompiste las reglas fagocitando con descaro
nuestras ancestrales convicciones
Y a pesar del tiempo transcurrido
o de las largas discusiones metafísicas
que mantenemos, no está claro cual de los dos
practica antropofagia con el otro
XCI
He gastado mi tiempo
Buscando en la mujer
Claridad
Infinito
Gestación
Un cuerpo desnudo
Orillas
Estallidos
Y hallé
Un amplio espectro
De indolencia
Sólo al regreso
La diosa maya Ixmucané
Vertió fertilidad
Sobre la tierra árida
De mi ateísmo
Sin mezclarse con los sueños
la noche se desentiende de noctámbulos
que intercambian caricias, con las manos cosidas
a unos cuerpos que declinan
Hemos resistido algunos años en una ciudad
sin poetas, pidiéndole a la vida sobrevivir a pan y agua
mientras el sanedrín de ancianos libaba
un vino caliente
Se alejan los cuerpos del sexo y queda la lealtad
a la espera de que los médicos emitan un diagnóstico
que impregne de razón la agonía infinita
de los hombres
Pero todo podría ser bastante peor,
si no pudiésemos tener a alguien que nos ame
desinteresadamente
LXXXV
Mírame
para que no cristalicen
tus lágrimas
bajo los párpados
que te ocultan de la noche
y pueda amarte
en un descampado
del invierno
Podré escuchar tus secretos
y gritar la ternura en voz baja
cuando extraigas del alma
el relente nupcial de los cuchillos
Y sepa que volverás a ser
la misma de siempre
LXXXVI
Posees la arrogante necesidad
de volver a creer en algo
ahora que por fin has entendido
mis contradicciones
y enciendes las luces de emergencia
fabricando una posdata
que te permita estimar tu vida
No será la primera vez
que me sucede
aunque nunca lo reconocería
y no me arrepiento de que coincidiéramos
plagiando a las parejas
que se enamoran en la concurrida soledad
de un andén de Metro
LXXXVII
Regresa para decirme
que sigues existiendo
aunque hayas levitado
alejando tu cuerpo
de la gravedad de la tierra
creyéndote invisible
Ahora ocupo
el espacio vacío de tu intimidad
y busco las palabras
que dejaste sembradas
para intentar comprenderte
LXXXVIII
Cuando llegue la muerte
Estaré solo
Como lo estaba cuando me tentó
Una serpiente con palabras impares
O cuando me abandonaron
Compañeros de política e insomnios
Los hijos que crié
El sentimiento y la lágrima
La perspectiva
El futuro
La fe y el diablo
Cuando llegue la muerte
Estaré solo
Si el amor no inventa un milagro
Y me alcanza
LXXXIX
Quiero pasar desapercibido
y vivir encerrado en mí mismo
que la sangre de mis heridas
gotee hacia dentro sin escandalizar
Aún así
no tardarán en gritarme desde los púlpitos
los que no soportan mi indiferencia
y exigirán que revele todos mis secretos
como si en ello les fuera la vida
Rebosa la ciudad de gente
que me desprecia sin conocerme
a la que envilece una aversión congénita
XC
Comenzamos nuestra historia amorosa
de forma vulgar, respetando los semáforos
para salir indemnes de accidentes carnales,
hasta coreamos plegarias que ahuyentaban
la libido en última instancia
Fuiste tú la que tiró la primera piedra
renegando de la virginidad, de las culpas,
rompiste las reglas fagocitando con descaro
nuestras ancestrales convicciones
Y a pesar del tiempo transcurrido
o de las largas discusiones metafísicas
que mantenemos, no está claro cual de los dos
practica antropofagia con el otro
XCI
He gastado mi tiempo
Buscando en la mujer
Claridad
Infinito
Gestación
Un cuerpo desnudo
Orillas
Estallidos
Y hallé
Un amplio espectro
De indolencia
Sólo al regreso
La diosa maya Ixmucané
Vertió fertilidad
Sobre la tierra árida
De mi ateísmo
LA CANCIÓN DESESPERADA
(Pablo Neruda)
Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy.
El río anuda al mar su lamento obstinado.
Abandonado como los muelles en el alba.
Es la hora de partir, oh abandonado!.
Sobre mi corazón llueven frías corolas.
Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos!
En ti se acumularon las guerras y los vuelos.
De ti alzaron las alas los pájaros del canto.
Todo te lo tragaste, como la lejanía.
Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio!
En la infancia de niebla mi alma alada y herida.
Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!
Era la alegre hora del asalto y el beso.
La hora del estupor que ardía como un faro.
Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego,
turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio!
Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo.
Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio!
Hice retroceder la muralla de sombra,
anduve más allá del deseo y del acto.
Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí,
a ti esta hora húmeda, evoco y hago canto.
Como un vaso albergaste la infinita ternura,
y el infinito olvido te trizó como a un vaso.
Era la negra, negra soledad de las islas,
y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.
Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta.
Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro.
Ah mujer, no sé como pudiste contenerme
en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!
Mi deseo de ti fue el más terrible y corto,
el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido.
Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas,
aún los racimos arden picoteados de pájaros.
Oh la boca mordida, oh los besados miembros,
oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.
Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo
en que nos anudamos y nos desesperamos.
Y la ternura, leve como el agua y la harina.
Y la palabra apenas comenzada en los labios.
Ése fue mi destino y en él viajó mi anhelo,
y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio!
Oh, sentina de escombros, en ti todo caía,
qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron!
De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste.
De pie como un marino en la proa de un barco.
Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes.
Oh sentina de escombros, pozo abierto y amago.
Pálido buzo ciego, desventurado hondero,
descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!
Es la hora de partir, la dura y fría hora
que la noche sujeta a todo horario.
El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa.
Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.
Abandonado como los muelles en el alba.
Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.
Ah más allá de todo. Ah más allá de todo.
Es la hora de partir. Oh abandonado!.
1 comentario:
Hola Fernando precioso texto,
pasaba a saludarte y comentarte que mi poema
“ES LA DICHA” compite en Antología Literaria, si te gusta agradeceré tu voto, solo hay que marcar el circulo en la columna derecha y pinchar vota.
aquí te dejo el enlace para ver el poema,
gracias por tu dedicación.
que tengas una feliz semana.
http://antologialiterariaactual.blogspot.com/
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