domingo, 22 de enero de 2017

PRESENTACIÓN POEMARIO "Sílabas de luz" de AÍDA ACOSTA

















"Sílabas de luz" de Aída Acosta

Según la Teogonía de Hesíodo, EL CAOS fue lo primero que existió y la matriz de la cual surgió todo, es decir, el caos era oscuridad,  el estado de confusión y desorden en el cual se encontraba la materia hasta que el cosmos fue creado.

Y Dios dijo: «Hágase la luz», y la luz se hizo...pero sin la oscuridad no podría haber existido el contraste.

El primero en intentar descomponer la luz fue el filósofo y físico francés René Descartes, obteniendo únicamente dos colores: azul y rojo.

Por su parte, el físico Isaac Newton, usando un par de prismas, concluyó que la luz blanca se podía descomponer en siete principales bandas de colores (en analogía a los siete días de la semana o las siete notas musicales). Y que al pasar de nuevo por otro prisma el haz de luz se convierte en blanco. También cuando llueve aparece el arcoíris, las gotas de agua actúan como prismas y es esta la razón por la cual se crea este efecto óptico partiendo del espectro de la luz, recorriendo los siete colores rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil y violeta, para volver a la luz blanca. 

En psicología, los colores ejercen influencia en el individuo, provocando una reacción cerebral según el color de que se trate.  

Y con estas premisas, Aída nos regala "Sílabas de luz", una alegoría que ella denomina "LA FÍSICA DEL PRODIGIO", un poemario que rebosa perfección,  que retrata la luz desde la luz misma, un conjunto de veinticinco poemas que comienzan, con dos composiciones sobre el espectro, en el que se explica: "Vengo de la ventana hacia dentro, vengo de la ventana a ti, vengo de ti hacia ti, yo soy ventana, tú también".

Y entro de lleno en los siete colores, en su respuesta poética al significado de los mismos a través de los diferentes estados de ánimo que acompañan al amor, a la pasión y el erotismo, a los sentimientos encontrados, son tres poemas por color y de los que destacaré algunos versos antes de que Aída descorra las persianas, se conforme el arcoiris y nos desvele los misterios de su creación poética. 

ROJO: Color del ánimo y la pasión exaltada: "Vamos a deshojar esta niebla, vamos a decirle a las nubes que se vayan, que nos dejen solos, solos con nuestros besos, inventaré una luz nueva, inventaré el beso, el fuego, inventar, ser tu diosa"

NARANJA: Color de excitación y dinamismo. "No estamos juntos y existe el desorden, existe el vacío, existe la ausencia, la locura de pensarte. Cuando no estés, viviré asombrando a la soledad con tu recuerdo"

AMARILLO: Alegría, estimulación, provocación, envidia, odio y falsedad. "Reflejos amarillos en el cielo, sabor de otoño de nueces, cuando tus besos tienen distancia cosida en sus venas. Este suicidio de recoger tu sombra, este suicidio, el amor que me sobra, este amarillo".

VERDE. Paz, tranquilidad, frescura, vitalidad y nostalgia. "No sé si escuchar las palabras del cristal o la lluvia, pero ante el caos y el color gris, se pueden dormir los ojos, hasta la luz".

AZUL: Melancolía, frío, misterio, fidelidad, calma. "Ya no quiero este silencio, ni tus palabras, ni la distancia, tantas ortigas ancianas...Y de repente, como una nube hinchada de raíces, entra la tristeza por mi ventana y me sorprende".

AÑIL: Sensualidad y melancolía. "Sin ti mar de soledad yo tengo.  Mar de soledad no quiero, soledad de mar tienen mis huesos".

VIOLETA: Profundidad, dolor y esplendor. "Me has dejado esta orilla, línea peremne en mi memoria, este tiempo asaltado por vacíos, una soledad temblorosa que altera mi ritmo".                                                                                                                                                                          
Y tras los siete colores, volvemos al origen de nuevo traspasando el segundo prisma y el haz de luz se vuelve blanco.

"Ya me faltas tú y solo deseo invernar para soñarte, arroparme de mariposas hasta el alba de tu presencia. Tantas veces llegaste y hoy te recuerdo. Recuerdo luz blanca"." 


Y llegados al final, como escribe Aída, quedan es este libro, los trocitos de arcoiris que ha ido coleccionando en su camino, en el aprendizaje de los contrarios, en el saber científico y filosófico de cada pequeña o gran cosa, en cada parpadeo del sentimiento.

Fernando Sabido Sánchez


















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viernes, 6 de enero de 2017